AYSÉN, SONIDOS DE LLUVIA Y VIENTO

Mientras las sombras pintaban de gris el atardecer,

un ojo de sol parpadeó luminoso en el firmamento,

rasgando el señorío de las tinieblas.

Entonces el trino melódico de escondidas avecillas,

irrumpió en las solitarias callejas del poblado,

precediendo a la vida,

que se coló fugaz cabalgando sobre el vendaval.

 

(Amanecer del 22 de agosto de 2017, en Aysén).

Anuncios

Llora el cielo

Una estrella se ha extinguido en el cielo

y un cortejo de nubes llorosas, derramando tristeza,

cubre los ojos del Sol escondido en el horizonte.

 

Bajando por los cerros,

el día despierta tras la noche serena

y la ciudad se despereza entre callejas somnolientas,

bañadas por el llanto celestial que lava sus adoquines,

en un vano intento por parecer alegre.

 

El cielo está llorando lágrimas de lluvia.

Ser escritor

Ser escritor es ser un cronista, un relator, un inventor, un interpretador, un falseador, un filósofo, un guía espiritual; en fin, un ser multifacético.

En escritor relata, inventa, crea, modifica, interpreta y falsea historias, para lectores que buscan crónicas verdaderas, relatos interesantes, fantasías o solo buscan una guía para el ejercicio del razonamiento filosófico o religioso.

Algunos escritores y los estudiosos del comportamiento humano, coinciden en señalar que el escritor narra lo que el lector desea leer, acorde con su vida interior. De allí que haya tantos géneros literarios, que no gustan a todos por igual, sino a cada individuo en particular, de acuerdo a su preferencia.

 

Una mañana en el hospital.

baculohermes    unnamedSobre la arcada del gran portón de acceso, al frente del blanco edificio situado en una de las colinas que por el norte limitaban la ciudad, la figura del báculo de Asclepio, el sanador, parecía atraer la presencia de los muchos visitantes que a diario concurrían allí.

Los vi como abejas entrando y saliendo del panal. Eran hombres, mujeres y niños; jóvenes y ancianos. Serenos unos pocos; la gran mayoría preocupados, todos cargando las miserias de una vida achacosa, pero aferrados a la esperanza de mejorarla.

En el acceso, Higia y Tánatos les recibían. La dulce hija de Asclepio ofreciéndoles una alegre y cálida bienvenida y su tétrico acompañante, solo un frío y grotesco gesto.

Largas horas permanecí registrando la escena, esperando con mórbido interés el desenlace de tan singular actividad, fija la mirada en los rostros de aquellos que salían desde el recinto.

Algunos regresaron serenos como llegaron, incluso alegres; otros sin embargo, lo hicieron derrotados. Unos pocos no salieron.

Comenzando el atardecer me retiré del recinto y lo hice con la misma actitud con  la que temprano había llegado hasta allí, buscando descubrir el origen de mis males corporales. Higia, sonriente, en el portón me despidió.

Frío despertar de una mente ilusionada

imagesRomeo despertó cuando el campanil de la iglesia de la villa llamaba al ángelus, después de un plácido letargo. Su mente confundida por el largo sueño no logró conectarlo con la realidad. Reposaba en una cama, pero no era la suya y la pieza que lo cobijaba le era desconocida. Intrigado se levantó rápidamente y comenzó a buscar algo que le conectara con su habitual costumbre de vida y no encontró nada en el entorno. Las paredes de la habitación nada le dijeron; tampoco nada tenían, salvo un gastado crucifijo de madera que colgaba de una de ellas, por sobre el dosel. Algo alejada, la silueta de una pequeña mesa apenas visible en la semi penumbra, parecía contener un objeto que desde la distancia le pareció familiar; era su notebook. Fue entonces que recordó el acuerdo hecho con Julieta, de separarse un tiempo y reencontrarse luego de transcurridos tres días, para analizar si continuarían con su relación o la terminarían. Ella le había pedido tiempo para pensarlo; se sentía confundida imaginando el rechazo que opondría su familia al conocer a su amado, un tipo mayor y oriundo de una comarca que no era la de sus ancestros.

Se acercó cauteloso, cargando en su mente un mal pensamiento. Encendió la máquina, miró la fecha y se estremeció al comprobar que desde el último encuentro con su compañera habían transcurrido cinco días. Un frío estremecimiento recorrió su espalda y el temor de la soledad le invadió; más, la ilusión del reencuentro le sostuvo. Abrió el correo y vio que algunos mensajes permanecían sin ser leídos. Buscó entre ellos las señas de Julieta y encontró uno casi al final de la lista. Con un incomprensible temor lo leyó. Era un texto desconsolador que decía: “Romeo, he decidido terminar nuestra relación. Siento un gran cariño por ti pero estoy confundida y no quiero ilusionarte más ni tampoco defraudar a mis padres. Te recordaré siempre. Si como imagino te encuentras en casa de fray Lorenzo, salúdalo de mi parte y dile que le agradezco sus buenas intenciones de ayudarnos. Me voy a otro país”.

De pronto la noche volvió a caer en la villa y el silencio del reposo se coló hacia el interior de la pieza en donde Romeo, fija la vista, miraba desde otra dimensión las burbujas que jugueteaban en la pantalla del equipo, mientras su mente intentaba imaginar la sorpresa que se dibujaría en el rostro de su confesor, cuando regresara y lo viera aún con vida.