Una mañana en el hospital.

baculohermes    unnamedSobre la arcada del gran portón de acceso, al frente del blanco edificio situado en una de las colinas que por el norte limitaban la ciudad, la figura del báculo de Asclepio, el sanador, parecía atraer la presencia de los muchos visitantes que a diario concurrían allí.

Los vi como abejas entrando y saliendo del panal. Eran hombres, mujeres y niños; jóvenes y ancianos. Serenos unos pocos; la gran mayoría preocupados, todos cargando las miserias de una vida achacosa, pero aferrados a la esperanza de mejorarla.

En el acceso, Higia y Tánatos les recibían. La dulce hija de Asclepio ofreciéndoles una alegre y cálida bienvenida y su tétrico acompañante, solo un frío y grotesco gesto.

Largas horas permanecí registrando la escena, esperando con mórbido interés el desenlace de tan singular actividad, fija la mirada en los rostros de aquellos que salían desde el recinto.

Algunos regresaron serenos como llegaron, incluso alegres; otros sin embargo, lo hicieron derrotados. Unos pocos no salieron.

Comenzando el atardecer me retiré del recinto y lo hice con la misma actitud con  la que temprano había llegado hasta allí, buscando descubrir el origen de mis males corporales. Higia, sonriente, en el portón me despidió.

Frío despertar de una mente ilusionada

imagesRomeo despertó cuando el campanil de la iglesia de la villa llamaba al ángelus, después de un plácido letargo. Su mente confundida por el largo sueño no logró conectarlo con la realidad. Reposaba en una cama, pero no era la suya y la pieza que lo cobijaba le era desconocida. Intrigado se levantó rápidamente y comenzó a buscar algo que le conectara con su habitual costumbre de vida y no encontró nada en el entorno. Las paredes de la habitación nada le dijeron; tampoco nada tenían, salvo un gastado crucifijo de madera que colgaba de una de ellas, por sobre el dosel. Algo alejada, la silueta de una pequeña mesa apenas visible en la semi penumbra, parecía contener un objeto que desde la distancia le pareció familiar; era su notebook. Fue entonces que recordó el acuerdo hecho con Julieta, de separarse un tiempo y reencontrarse luego de transcurridos tres días, para analizar si continuarían con su relación o la terminarían. Ella le había pedido tiempo para pensarlo; se sentía confundida imaginando el rechazo que opondría su familia al conocer a su amado, un tipo mayor y oriundo de una comarca que no era la de sus ancestros.

Se acercó cauteloso, cargando en su mente un mal pensamiento. Encendió la máquina, miró la fecha y se estremeció al comprobar que desde el último encuentro con su compañera habían transcurrido cinco días. Un frío estremecimiento recorrió su espalda y el temor de la soledad le invadió; más, la ilusión del reencuentro le sostuvo. Abrió el correo y vio que algunos mensajes permanecían sin ser leídos. Buscó entre ellos las señas de Julieta y encontró uno casi al final de la lista. Con un incomprensible temor lo leyó. Era un texto desconsolador que decía: “Romeo, he decidido terminar nuestra relación. Siento un gran cariño por ti pero estoy confundida y no quiero ilusionarte más ni tampoco defraudar a mis padres. Te recordaré siempre. Si como imagino te encuentras en casa de fray Lorenzo, salúdalo de mi parte y dile que le agradezco sus buenas intenciones de ayudarnos. Me voy a otro país”.

De pronto la noche volvió a caer en la villa y el silencio del reposo se coló hacia el interior de la pieza en donde Romeo, fija la vista, miraba desde otra dimensión las burbujas que jugueteaban en la pantalla del equipo, mientras su mente intentaba imaginar la sorpresa que se dibujaría en el rostro de su confesor, cuando regresara y lo viera aún con vida.

 

 

Círculo de Escritores obtiene apoyo de la Ilustre Municipalidad de Viña del Mar

En una reunión llevada a cabo el 7 de julio pasado, el Presidente del Círculo de Escritores de la Va. Región, Jorge Cepeda, sostuvo una interesante reunión con el Director del Departamento de Cultura de la Ilustre Municipalidad de Viña del Mar, en la que también estuvieron presentes la Secretaria del Círculo, Sra. Alicia Aguirre y el socio Alvaro Medina.
El motivo de la reunión fue solicitar el apoyo de ese Departamento, para lanzar próximamente un Concurso Nacional de Literatura, que se identifique con la ciudad de Viña del Mar. Asimismo se le solicitó que considerara al Círculo dentro de sus red de instituciones.
El Sr. Montero escuchó atentamente los planteamientos señalados y en una amena charla, que derivó en otros temas de interés, acogió las  peticiones; comprometiéndose a estudiar la propuesta del concurso.
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Feliz día del padre

El hombre joven llegó temprano a la casa de su padre y aquél no supo si había concurrido para saludarle o para disculparse por el distanciamiento demostrado en el último tiempo. Parecía extraviado, errante por entre la bruma de un mundo lejano.

Se saludaron con respeto pero distantes. El viejo no disimuló en su rostro una extraña mezcla de alegría y molestia ni el joven su temor. Desde niño temía los reproches de su padre, cada vez que se portaba mal y esta vez se mantuvo expectante a su reacción.

El reproche del hombre viejo no se hizo esperar. Con dureza le recriminó su extraviado comportamiento, intentando vanamente hacerle entender que el camino de las drogas lo estaba conduciendo rápidamente hacia el despeñadero. Sin decir palabras el joven aceptó sumiso la llamada de atención, consciente que se la merecía, pero con la esperanza que su padre una vez más le perdonaría y no le negaría su ayuda.

La decisión del hombre fue firme y determinante. A contar de ese momento no habría más apoyo y debería aprender a enfrentar solo la vida, sentenciándolo a que mientras no dejase su mal hábito, la separación les mantendría alejados y solo accedería al reencuentro cuando se liberase definitivamente de su maldita afición.

Al cabo de tensos y dolorosos minutos se separaron en el umbral de la casa. El hombre joven se alejó caminando cabizbajo por la explanada, hacia un destino incierto. El hombre viejo regresó al interior de su morada, cargando en su conciencia la decisión tomada.

Mientras repasaba los momentos vividos, un mensaje de su hija, deseándole felicidades en el día del padre, le apartó por unos instantes de sus recuerdos.

 

María la de las pecas

María tenía ocho años la vez en que la abracé temeroso y le di un beso en sus mejillas calientes. Éramos vecinos en un edificio de tres pisos apegado al cerro; ella vivía en el tercero y yo en el segundo; abajo había un garaje. Ese día nos fuimos a jugar al fondo de un patio que pertenecía a su casa; allí su madre lavaba la ropa en una gran artesa de madera y detrás de ella nos refugiábamos imaginando estar juntos en nuestra propia casa. Yo tenía 9 años entonces y aunque parecía mucho más niño que ella, ya sabía que los besos eran una forma de expresar algo y por eso que ese atardecer, poco antes que nos llamaran a entrarnos a nuestras casas, mientras nos ilusionábamos siendo los padres de una imaginaria familia, la acerqué hacia mí y la besé. María no dijo nada y sentí que también se dejó llevar por un arrebato interior como a mí me sucedió. Fue la primera vez que nuestros cuerpos estuvieron muy cerca uno del otro.

Esa noche me sentí muy inquieto y recuerdo que no pudiendo dormir, me fui a meter a la cama de mi hermana y me acurruqué junto a ella, pero tampoco lo logré y pasé varias horas torturándome con la idea que si mi madre y mis hermanos llegaban a saber lo que había hecho, me reprocharían por mi obsceno proceder. La tranquilidad vivida en casa en los siguientes días, trajo calma a mi afiebrada mente; sin embargo, de repente sospeché que la tormenta llegaría más temprano que tarde, al enterarme que María le había contado a su hermana mayor lo que habíamos hecho.

Vilma, una matrona alta y gruesa, que me quería mucho, se me acercó un día que jugábamos con María en el patio, poco antes de subir a su piso y dejarnos solos y entre risas nos advirtió: “tengan cuidado niños, no se besen mucho que se pueden enfermar”. Sentí que la vergüenza convirtió mi cara en una manzana y lleno de rabia terminé por abandonar el lugar y encerrarme en mi casa.

Un par de días después, cuando me atreví a salir al patio, recuerdo que hablé con María para decirle que nunca más la besaría, que no quería que ni ella ni yo nos enfermásemos, ya que si lo hacíamos, era seguro que su hermana sospecharía que seguíamos besándonos, ante lo cual ella se rió y me dijo que no fuese tonto. “Los besos no enferman a nadie como tú crees –fue su explicación- yo le pregunté a Vilma que me dijera que enfermedad nos atacaría si nos besábamos y ella también se rió de mi ingenuidad. Las personas se enferman de amor fue su respuesta y no dijo nada más. Ven, vamos a jugar allá atrás”. Nos cogimos de la mano y nos fuimos al refugio detrás de la artesa, allí nos abrazamos, nos besamos y luego nos envolvió una nube mágica que nos hizo perder la conciencia y no supimos cuanto rato estuvimos juntos.

-¡María, sube que ya es tarde!- El grito destemplado de Vilma nos despertó del ensueño. Desnudos permanecíamos abrazados tiritando de frío. Era otoño y las tardes en el puerto refrescaban rápidamente. Asustados nos vestimos y nos separamos. María lloraba, yo no supe que decir; pensé que la había maltratado y me dio mucho miedo.

Una semana después nos cruzamos en el patio a la hora de la misa de doce. Yo esperaba a mis hermanos en el rellano de la escala cuando María salió de su casa junto a su familia; vestía su faldita escocesa tableada y una chaquetita corta. De su cara pálida resaltaban luminosas un enjambre de pecas cubriendo su nariz y parte de las mejillas; en tanto a cada paso que daba, la cola de caballo de su pelo se movía de un lado a otro. Nos miramos sin decirnos nada, con aire inquisitivo, como preguntándonos como estábamos y si nos habíamos mejorado del resfrío que nos atacó esa tarde mágica.

Al pasar junto a mí, Vilma me preguntó cómo me sentía y luego agregó en tono algo burlesco, “por jugar hasta tarde en el patio se resfriaron bien fuerte los muy tontos”. Nuevamente me sentí avergonzado, pero más que nada culpable; sin embargo, un gozo interior me recordó el tiempo del acercamiento a María y no me importó que mi vecina nos tratase de tontos, ya que los besos que nos dimos aquél día nos habían enfermado de amor.

 

 

 

Asume nueva Directiva del Círculo de Escritores de la Va. Región

Jorge Cepeda G. Presidente 2017-2019.jpgEn una sesión de socios, el día de martes 18 del presente, asumió la dirección del Círculo de Escritores de la Quinta Región, la nueva Directiva que preside el señor Jorge Cepeda González, por el período 2017-2019.

El acto se inició con el saludo de la Sra. Martiza Barreto, Presidenta del Directorio saliente y la lectura de la memoria correspondiente, en la cual hizo una detallada exposición de las diversas gestiones realizadas durante los dos años de su gestión. En parte de su exposición recordó los inicios del Círculo, señalando “..hoy ya no es un grupo familiar, de amigos. Este grupo creció, se instituyó, aumentó en cuanto a número de socios y por lo tanto es mucho más difícil coincidir en opiniones y criterios..”

Al finalizar sus palabras agradeció a su Directorio por el apoyo entregado, comprometiéndose a “estar siempre dispuesta a ayudar y entregar nuestra experiencia a los integrantes del nuevo Directorio”.

Por su parte el nuevo Presidente reiteró su agradecimiento a quienes le apoyaron, señalando que el programa de su Directorio se enfocará a potenciar el Círculo para convertirlo en una institución reconocida en la Región y a destacar a sus asociados, quienes son los que le dan vida.

Para finalizar el acto, los concurrentes fueron invitados a un brindis, ocasión en que se entregó un recuerdo a los integrantes del Directorio saliente.

Directiva 2015-2017.jpg

Directiva saliente (2015-2017)

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Directiva 2017-2019

 

Nueva Directiva del Círculo de Escritores de la Quinta Región

IMG-20160828-WA0006El martes 18 de abril, a las 18.00 hrs. asumirá la nueva Directiva del Círculo de Escritores de la Quinta Región, la que presidirá el escritor porteño Jorge Cepeda González, recientemente elegido por el período 2017-2019.

Acompañarán al Presidente, la escritora Sra. Lucía Lezaeta, Fundadora y Presidenta Honoraria del Círculo, como Vice Presidenta; la Sra,. Alicia Aguiire, Secretaria; la Sra. María Bernardita Gómez, Tesorera; el Sr. Guillermo Valdivieso, Pro Secretario, la Sra. Lillian Jorquera, Pro Tesorera y el Sr. Patricio Portales, Director.