Feliz día del padre

El hombre joven llegó temprano a la casa de su padre y aquél no supo si había concurrido para saludarle o para disculparse por el distanciamiento demostrado en el último tiempo. Parecía extraviado, errante por entre la bruma de un mundo lejano.

Se saludaron con respeto pero distantes. El viejo no disimuló en su rostro una extraña mezcla de alegría y molestia ni el joven su temor. Desde niño temía los reproches de su padre, cada vez que se portaba mal y esta vez se mantuvo expectante a su reacción.

El reproche del hombre viejo no se hizo esperar. Con dureza le recriminó su extraviado comportamiento, intentando vanamente hacerle entender que el camino de las drogas lo estaba conduciendo rápidamente hacia el despeñadero. Sin decir palabras el joven aceptó sumiso la llamada de atención, consciente que se la merecía, pero con la esperanza que su padre una vez más le perdonaría y no le negaría su ayuda.

La decisión del hombre fue firme y determinante. A contar de ese momento no habría más apoyo y debería aprender a enfrentar solo la vida, sentenciándolo a que mientras no dejase su mal hábito, la separación les mantendría alejados y solo accedería al reencuentro cuando se liberase definitivamente de su maldita afición.

Al cabo de tensos y dolorosos minutos se separaron en el umbral de la casa. El hombre joven se alejó caminando cabizbajo por la explanada, hacia un destino incierto. El hombre viejo regresó al interior de su morada, cargando en su conciencia la decisión tomada.

Mientras repasaba los momentos vividos, un mensaje de su hija, deseándole felicidades en el día del padre, le apartó por unos instantes de sus recuerdos.

 

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